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EL SILICIO Y LA OSTEOGENESIS

Los estudios clásicos han sido los de Schwartz y Carlisle.

 

Las conclusiones a las que se han llegado son las siguientes:

1.    El silicio se presenta en tasas relativamente elevadas en sitios de calcificación.

2.    Al inicio de la descalcificación el nivel de silicio en los tejidos disminuye drásticamente (hasta 50%) en contraste con minerales como el calcio o el azufre que sólo disminuyen de un 5 a un 8% por ciento.

3.    Estudios con electro miografía por rayos X y punciones sobre huesos de ratas muestran la ausencia casi completa de silicio en el hueso maduro y su presencia asociada, a bajas concentraciones de calcio en las zonas de osteogénesis (Desmonty).

4.    Esta misma autora señala que experimentos con ratas sometidas desde su nacimiento a un régimen pobre en calcio demuestran la acción favorable del silicio sobre la mineralización del hueso y del cartílago: las ratas suplementadas con silicio mostraban un peso significativamente mayor que el de las ratas no suplementadas.

 

La tasa de silicio se muestra elevada al momento del proceso inicial de calcificación y después cae de manera marcada en el momento en que se incrementa la tasa de calcio y sufre su transformación en hidroxiapatita (un mineral parecido al mármol y sumamente resistente). La acción calcificadora y mineralizante del silicio ocurría en estos experimentos, durante las primeras dos semanas de vida, al cabo de 5 semanas ya no existía diferencias entre los dos grupos de ratas.

 

(Tolonen 1995) refiriéndose a la salud humana señala que cuanto más bajo es el aporte de calcio más importancia adquiere la ingestión del silicio. Algunas investigaciones han observado que las personas que no consumen suficiente silicio pueden ver disminuida su densidad ósea (Nielsen 1991). También se ha observado el efecto del silicio sobre los dientes:

 

Hay que recordar aquí que el hueso está básicamente conformado por una matriz proteica y por el depósito en ella de sales de calcio. La matriz fibrosa le permite al hueso ser flexible y tolerar la tensión, mientras que las sales de calcio depositadas (65% de su peso) le dan firmeza y lo capacitan para resistir la presión. En el proceso de formación del hueso se considera que se producen primero los componentes de la matriz (proteínas-polisacáridos y fibras de colágeno) que conforman, gracias a modificaciones químicas, una estructura ordenada en la cual se depositarán en segundo lugar las sales de calcio. (Jacob Francote Lossow 1982). De acuerdo con los datos ofrecidos hasta aquí podemos afirmar que la importancia del silicio para la osteogénesis deriva de que interviene tanto en el proceso de la producción de la sustancia matriz cuanto en depósito de sales en los huesos. Pero además existen datos que permiten señalar que la presencia del silicio también contribuye a dar forma al tejido de la matriz.

 

En efecto, el estudio de la composición de tejidos como los cartílagos, el cordón umbilical, etc., ha mostrado (Calcagni 1984) que el silicio se presenta ligado al interior de estructuras de biopolímeros polisacáridos (como el ácido hialurónico, la condroitina, etc.) a través de enlaces no reactivos sumamente estables. Estas observaciones, señala Calcagni, conducen a pensar que el silicio actúa como el elemento que permite los enlaces transversales entre proteínas y polisacáridos, o entre los de estos últimos, de lo cual deriva la importancia del mismo para conformar la estructuración ordenada de las proteínas que constituyen la matriz del hueso. Y lo mismo vale para la totalidad del tejido conjuntivo de nuestros cuerpos.

 

Después de ofrecer datos técnicos precisos sobre las concentraciones de silicio enlazado en diversas muestras de tejido conjuntivo animal (Calcagni 1988) concluye señalando lo siguiente:

 

Los conocimientos actuales permiten pensar que el silicio tiene un rol estructural en el tejido conjuntivo, que está implicado en la síntesis de los mucopolisacáridos y que interviene en la mineralización ósea.